Candy, amiga mía
CANDY, AMIGA MÍA
Dicen que has sido precioso, exuberante, felíz.
Publicaron tus cortas memorias, tus diarios, tus notas.
Se preguntaron por tu identidad sexual ante Flesh y tus portadas.
El fantoche de la Factory se perdió tu entierro,
por miedo, por olvido o por amor al infierno.
Tu enfermedad fue la portada de I'm a Bird Now porque Antony lo quiso
y, también, la musa de Lou Reed en su Walk on the Wild Side, sin previo aviso.
Con 29 años, la leucemia decidió volcar una vez más tu andrógino cuerpo
que, tras un último suspiro femenino, se convirtió para siempre en hombre muerto.
Para mí, nunca serás más que una reseña de Wikipedia, buscando una extraña vía,
una consulta tras absorber unas copas de vino, para poder dormir sin probar caolín,
para entender por qué James Lawrence se mató a fuego lento consagrando la mirada sin envidia
y por qué las palabras no pudieron retenerla cuando, por fin, todos la llamaban ya, Candy Darling.
Dicen que no te conocí, que te imaginé, que no te quise locamente a lo largo de este poema y que sólo fuistes una excusa más para servirme una copa.
En algo acertaron...Salud!

